De la rebeldía al esfuerzo
August 6, 2007 on 10:56 am | In Uncategorized |Quiero relatarte mi vida. Es de esfuerzo y aprendizaje. Soy una joven colombiana de 26 años que vive en Miami. No te diré mi nombre porque no importa. Lo que vale es mi experiencia, que te puede servir. Tuve una profesora que solía repetir “sabio es quien aprende de sus propios errores” y, en seguida, agregaba “pero más sabio aun es quien aprende de los ajenos”. Tú podrías hacerlo. Empecemos.
De adolescente, mi vida fue sinónimo de románticas ilusiones amorosas y rebeldía. Mis padres no sabían qué hacer para tener control sobre mí y mis frenéticas ideas de asistir continuamente a fiestas. Pero ello no es muy relevante. El asunto es que tardó domarme (como si fuera un animal) e inyectarme en la cabeza las ideas de responsabilidad y agradecimiento. Así que terminada la escuela, era muy difícil pensar en una carrera universitaria. Mis progenitores lo querían a mil, pero yo no. Pensé, en reemplazo, en los idiomas. Dije “me llenaré de unos cinco o seis para recorrer el mundo y trabajar con turistas”. Algo de lógico había en mi pensamiento. Ahora, no mucho después, me doy cuenta. Pero mis padres veían mi vocación como un oficio inferior. La vida les demostró de lo que soy capaz.
Cuando empecé en la academia de inglés británico, la vida social era mucha. Veía jóvenes iguales que yo, con los mismos complejos e intereses, que tenían el único objetivo de poner en práctica la nueva lengua para salir adelante. Unos acontecimientos difíciles me sacudieron. Advertí que no satisfacía ni mis expectativas propias ni el esfuerzo continuo de mamá y papá. Por primera vez, cogí un libro para saber qué había en él. Qué me podía enseñar. Me compré una agenda electrónica que incluía un traductor idiomático y también un par de discos compactos con ejercicios y conversaciones grabadas. Iniciaba la aventura.
Un nuevo formato laboral dejó a mi padre, abnegado y mordaz, en la triste orfandad del despido. El pan llegaba justo a casa. Ni más ni menos. Lo que llaman en Márketing, el ‘punto de equilibrio’. Pronto, la carencia pesó más. Mi madre buscó un par de plazas, pero no tuvo buena suerte. A ver, ahora. ¡Qué puedo hacer! Pues a trabajar. Primero, de cajera en una tienda de comida rápida; luego, en la central telefónica de una universidad. Supe lo que valía el dinero. Pude ahorrar lo suficiente para continuar con mis estudios un mes más. Sólo uno. Pero qué distinto era todo. Qué atenta estaba en las lecciones. Hasta formé grupos de estudio con alumnas mayores interesadas en mejorar la fluidez británica en sus lenguas. La continuación de mi carrera estuvo auspiciada económicamente por una tía que trabajaba en Estados Unidos. El fin también.
Envío remesas continuamente a mi familia, en Colombia. Mi padre logró otro puesto laboral gracias a su honestidad. Haber estado en el contexto mismo de las pronunciaciones inglesas mejoró profundamente mi capacidad lingüística. Me dedico a traducir documentos y estudio francés e italiano los fines de semana. Pronto, recorreré el mundo y trabajaré con turistas. ¿Mi historia? Una de muchas. Ojalá que te anime a ser tú mismo(a) y te esfuerces. Todo empieza en la reflexión.
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